Poesía: El Eco del Latido y la Luz del Mar

Si mis novelas son mapas de mundos lejanos, mi poesía es la brújula que marca el norte de mis sentimientos más profundos. En este rincón de mi archivo, la tinta se vuelve pausada y el verso se convierte en una herramienta de navegación espiritual para explorar lo que nos hace verdaderamente humanos.

Mi sello lírico nace de una amalgama de voces que admiro y que han forjado mi propia identidad: la fluidez narrativa de Goytisolo, la luminosidad introspectiva de Machado y ese pulso apasionado y sensorial que evoca a Neruda. El resultado es una poesía que busca la claridad, bañada siempre por la inmensidad del mar y la fuerza de la luz.

En poemarios como “Luz y Sal”, los versos no son solo palabras; son refugios de fe y esperanza. Incluso en los momentos de mayor intimidad o dolor, me niego a habitar en la oscuridad. Fiel a mi convicción de que “el pasado es raíz, pero no condena”, siempre dejo espacio para una pizca de esperanza, para un nuevo mañana que brota entre la bruma asturiana y el eco de las olas.

“La pluma, mi nave sideral, / mi corazón, un eco interestelar. / Soy el Cartógrafo de Estrellas, / dibujando futuros en la nada.”

Te invito a detener el tiempo y navegar por estas líneas. Aquí, el asombro no está en el cosmos, sino en el milagro de sentir.