El Relicario de los Olvidados

El Relicario de los Olvidados: Lo que la Memoria se Niega a Soltar

¿Qué guardamos cuando ya no queda nadie para escuchar la historia?

El Relicario de los Olvidados nace de una pregunta que me hago a menudo frente a mis propios alumnos: qué pasa con aquello —y aquellos— que el mundo decide no recordar. Esta novela juvenil convierte esa pregunta en una historia donde la memoria se convierte en el último territorio que merece la pena defender, y donde cada objeto guardado, cada nombre pronunciado en voz baja, es un pequeño acto de resistencia frente al olvido.

Fiel a mi voluntad de escribir «Ficción Especulativa de Síntesis», aquí la épica tolkieniana de los gestos humildes —guardar, custodiar, recordar— se cruza con la profundidad psicológica de personajes que cargan su propio duelo sin que este los defina del todo. «El pasado es raíz, pero no condena»: también en este relicario, lo perdido puede transformarse en luz si alguien decide sostenerlo con las manos abiertas en lugar de con el puño cerrado.

Una novela escrita, como casi todo lo que hago, pensando en quienes más la necesitan: los que a veces sienten que nadie los recordará.

Hay relicarios que no guardan huesos, sino nombres.

Señales de Luz y Barro

Señales de Luz y Barro: Voces que se Cruzan en la Misma Calle

¿Cuántas historias caben en un solo barrio si nos paramos a escucharlas todas?

Señales de Luz y Barro es una novela juvenil contemporánea de estructura coral: varias voces, varios recorridos, un mismo territorio compartido donde las vidas se rozan sin siempre llegar a entenderse del todo. El título ya lo anuncia —hay barro, hay dificultad, hay tropiezo real— pero también hay luz, esa que insisto en no dejar nunca fuera de mis historias, ni siquiera en las más cotidianas.

Como en toda mi «Ficción Especulativa de Síntesis», aquí conviven la mirada atenta a la psicología de cada personaje —con sus contradicciones, sus silencios, sus pequeñas victorias, en la línea de Dostoievski— y esa convicción tolkieniana de que son los gestos pequeños, casi invisibles, los que terminan salvando a alguien. «El pasado es raíz, pero no condena»: cada voz de este coro lo demuestra a su manera.

Una novela sobre lo que nos separa y, sobre todo, sobre lo poco que a veces hace falta para acercarnos.

A veces, la señal más clara viene del barro, no de la luz.